
Un pequeño, llano y tranquilo recorrido familiar en bici.
Ruta huerta de Murcia: Espinardo, senda de Granada, Guadalupe, acequia Aljufia, Rincón de Beniscornia, rueda de La Ñora, Javalí Viejo, Contraparada y vuelta. Sobre 23 km
Sábado 7 de agosto a las 8 de la mañana.
Bajar ruta en formato Google Earth.
CRÓNICA DE LA ANÁBASIS HUERTANA
(por Paco Franco, amante de la huerta y del legado árabe de los sistemas de riego que hicieron posible la ciudad de Murcia y que están siendo entubados y tapados; autor del libro Caminos por la Huerta de Murcia.)

(foto de Sofía Franco Oñate, 10 años, con una Sony DSC-P150)
«Encontrábanse, en un amanecer de cierta frescura, un breve ejército de intrépidos ciclistas. En realidad, se trataba de una patrulla de investigación y avance: habían de encontrar el agua, ya que un gran número de hombres y mujeres –al menos 10.000– esperaban noticias ansiosas de su existencia, en el campamento situado al este de la ciudad.

(Casa de los Bernales. Foto de Sofía Franco Oñate, 10 años, con una Sony DSC-P150)
La estrategia fue circular por zonas umbrías, entre palacios derruidos, casas abandonadas, muros de ruido. Parecía el solar que queda tras una gran batalla: los destructores vencían –puede ser un sinónimo de grandes constructores–.

Avanzaron sigilosamente, dejaron Torre Falcón y sus últimas boqueadas, transgredieron en paralelo el imperio Jerjes –Joven Futura– y se internaron por el camino más antiguo de Murcia: la Senda de Granada. Esperaban ser más ignorados por ese circuito, pero siguieron encontrando ruinas.


(fotos de los restos de Molino de Pólvora, acequia Aljufia.)
Un azar convertido en necesidad los llevó hasta el Canalao, donde comprobaron la viveza de las aguas, su recorrido milenario, un lugar donde hermoseaba la acequia Aljufia.



(fotos de molino de La Ñora o Puxmarín del S. XVIII y casa del molino.)

Se sorprendieron de los vestigios del bosque de Ribera y por fin pudieron exclamar ¡Thalasa, Thalasa! Ante un ingenio hidráulico de más de 500 años, mostraron su admiración y su respeto, por el rumor del agua; también su desazón, porque estaba vieja y cansada. A este paraje lo llaman Rueda de La Ñora y encajaba con la lógica de la geometría y el lugar en que se hallaba ubicada.



El hombre que hacía de jefe del pelotón explicó unos cuantos lugares comunes: la hermosura, la importancia de la construcción civil, la división de las aguas hacia Alfatego y Churra la Vieja. No teníamos buenas noticias para el campamento. A partir de ahí el agua desaparecía. Llegamos a una encrucijada y nos entraron las dudas: ¿acaso esos diez mil hombres y mujeres podrían resistir el avance de la destrucción? Parece que no. Pero un hilo de esperanza colgaba de la mente de aquellos cinco intrépidos: habían convertido en una pequeña aventura de agosto el recorrido de 4.000 km por todo el Asia Menor, desde el Tigris y el Eufrates hasta Murcia, aunque sólo fueron 23 intensos los que hubieron de transitar; eso sí, llenos de venturas y conocimiento.»


(fotos de partidor y tablachos. El partidor corresponde a la acequia Regaliciar.)

(Contraparada. Foto de Sofía Franco Oñate, 10 años, con una Sony DSC-P150)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada