Este año las aguas, como la economía, han estado revueltas. Un día levante y al siguiente lebeche. Me gusta Cabo de Palos, una lengua que se adentra en el mar, con aguas limpias y profundas y riqueza en sus fondos. Me gusta la siempre eterna brisa que hace pasable el duro verano del sur. En este cabo podemos ver la fuerza de la naturaleza, a pesar de ser el Mediterráneo un mar tranquilo. Días de mar agitada sin embarcación alguna en la mar, días algo más suaves en que solo los atrevidos o necesitados navegan, días de viento en que todos se echan a la mar tras unos días recogidos y días de calma en los que prácticamente todos los bañistas acuden al agua con sus gafas de bucear y aletas. Un pueblo familiar, extrañamente tranquilo a pesar de estar junto a la Manga y al Mar Menor.
El Faro de Cabo de Palos, construcción de una bella sillería de piedra procedente de una torre vigía que Carlos I mandó construir para proteger la costa de la intensidad de los ataques de los piratas berberiscos, por ello no podemos dejar de mencionarlo en este blog.
Cercano, el Mar Menor con sus paseos para el ocio y sus plagas de medusas.
También cercano el Parque Regional de Calblanque, con sus dunas fósiles, rocas pizarrosas y calizas, salinas, acantilados y playas de finas arenas anaranjadas
Fotógrafo absorto con la naturaleza.
Mis paseos en piragua
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada